miercuri, 1 august 2012

Los pasos del callejón sin salida (Leopoldo María Panero)



El suplicio de la noche y el suplicio del día
el suplicio de la realidad y el suplicio del sueño
despliegan ese movimiento que se ignora y al que otros
pudieron, no sé cómo, llamar «vida», como una tortura
que desde lejos en la oscuridad pensara
un animal sin ojos con el alma dormida
soñando esta pesadilla...
Como una tortura estudiada para
que el sufrimiento aumentara poco a poco
y más allá
del momento en que se hizo insoportable
haciéndonos aprender por la fuerza
una Ciencia del Dolor como la única
sabiduría posible en la Zona Clausurada.

El suplicio de la realidad y el suplicio del sueño
y mi cuerpo en el potro exhibiendo su tortura
como una vanidad –ved ahora un potro en medio
del escenario vacío- o mi yo disponiéndose
a recorrer una vez más los pocos pasos
que caben en el callejón sin salida
al que muestro
como una vanidad. Y avanzaré, avanzaré mi cuerpo
sin inteligencia ni alma por la calle
en donde nadie me conoce, andaré por allí
contoneándome y hablando solo, sin ver
que llevo una mujer sobre mi espalda
con las uñas clavadas en mis hombros
y mordiéndome el cuello ebria de mi sangre.

marți, 17 iulie 2012

Poema del fin -fragmento- (Marina Tsvetáieva)



Perdóname. No quería.
Es grito de entraña devastada.
Así esperan los condenados
su ejecución al alba,

jugando al ajedrez. Risa
burlona el ojo del vigilante.
Somos los peones de un tablero
y alguien va jugando con nosotros en él.

¿Dioses buenos? ¿Malignos? ¿Quién?
Todo el horizonte es el ojo del vigilante.
Ruido metálico. Pasillo sangriento.
Ya se ha acabado el juego.

Un cigarrillo por última vez.
Y escupir -ah vida, vida.
Escupir. Al borde del tablero,
abierto está el camino -desangrarse-

a la huesa. Te miro de reojo.
Es la luna un ojo secreto que vigila.

-Qué lejos estás ya.

joi, 24 mai 2012

El poeta dice la verdad (Federico García Lorca)


Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

luni, 30 aprilie 2012

La patria (Roque Dalton)

 
En las actuales condiciones del mundo,
la patria para los trabajadores
sólo existe en aquellos países
donde los trabajadores conquistaron el poder.

Los trabajadores soviéticos tienen patria,
y los chinos,
y los polacos,
y los vietnamitas,
y los cubanos.

En las sociedades divididas en clases
(o sea en el llamado "mundo libre")
en los países donde hay pobres y ricos
(o sea en el llamado "occidente cristiano")
la patria es para los explotadores
el lugar donde ejercen principalmente su explotación
(o sea donde tienen el "asiento principal de sus negocios")
y para los explotados
el lugar donde los explotan.

Esta situación tuvo desde, luego, una historia
y en ella surgieron himnos y banderas
y héroes y sentimientos:
de todo ello se apropiaron los explotadores
y construyeron una gran máscara
para engañar a nuestros ojos y a nuestro corazón.

Los trabajadores, los pobres salvadoreños;
los trabajadores, los pobres hondureños;
los trabajadores, los pobres guatemaltecos;
no tienen patria.

Aunque toda la riqueza nacional
fue labrada con su sangre y el sudor de sus pueblos,
de sus trabajadores,
El Salvador,
Honduras,
Guatemala,
son patria únicamente de los dueños de la patria,
propiedad de los dueños
de la sangre y el sudor de los pueblos.

Los explotadores son tan dueños de esas patrias
que cuando su contradicciones se hacen críticas
echan a pelear entre sí a sus respectivos pobres.
Así defienden por la fuerza su interés
y al mismo tiempo dividen a los pobres
que cada día están más solos,
cantando el himno nacional y agitando la bandera,
en la fría noche de la patria ajena.

Los trabajadores y los pobres
solo tienen un medio para tener patria:
hacer la revolución.

(1970) De “Un libro rojo para Lenin”

marți, 24 aprilie 2012

La habitación del suicida (Wislawa Szymborska)




Creéis que su habitación estaba vacía.
¡Qué va! Tres sillas con respaldo confortable.
Una lámpara en guerra contra la oscuridad.
Un escritorio, y, encima, una cartera y periódicos.
Un buda dichoso y un Cristo desdichado.
Siete elefantes de la suerte, y una agenda en el cajón.
¿Creéis que no contenía vuestras señas?

¿No había –creéis- libros ni cuadros ni discos?
Una reconfortante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor entrañable.
Alegría, chispa de los dioses.
Ulises duerme en un anaquel un sueño dulce y reparador
realizados ya los trabajos del quinto libro.
Los moralistas,
escritos sus nombres con letras de oro
en lomos de piel de pulcro curtido.
Al lado, en primera fila, los políticos.

Y sí tenía salida, aunque sólo por la puerta,
y perspectivas, aunque sólo desde la ventana,
la habitación aquella.
En el alféizar, las gafas para vislumbrar la lejanía.
Zumbaba una mosca: aún vivía.

Creéis que al menos la carta decía algo.
¿Y si os digo que no había carta?
Muchos somos, los amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

vineri, 2 martie 2012

Cuando ella pasa (Fernando Pessoa)


Sentado junto a la ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Veo su adorable imagen, la de ella, mientras
Pasa... pasa... pasa de largo...

Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:-
Una criatura menos en este mundo
Y un ángel más en el cielo.

Sentado junto a la Ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Pienso que Veo su imagen, la de ella,
Que no pasa ahora... que no pasa de largo...