INTENSIDAD Y ALTURA Quiero escribir, pero me sale espuma,
quiero decir muchísimo y me atollo;
no hay cifra hablada que no sea suma,no hay pirámide escrita, sin cogollo. Quiero escribir, pero me siento puma;
quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay voz hablada, que no llegue a bruma,
no hay dios, ni hijo de dios, sin desarrollo. Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
carne de llanto, fruta de gemido,
nuestra alma melancólica en conserva. ¡Vámonos! ¡Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva. César Vallejo SONETO 70 Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja. Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto,
de entrambos la esperanza se me aleja. Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte), que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte. Lope de Vega
Otra maldita tarde de domingo, una de esas tardes que algún día escogeré para colgarme del último clavo ardiendo de mi angustia. En la calle familias con niños, padres y madres sonrosadamente satisfechos de su recién cumplido deber electoral; gente encorvada sobre radios que escupen datos, porcentajes en los bancos. Corderos de camino al matadero dándole a escoger el arma al matarife.
Viniere el malo, con un trono al hombro, y el bueno, a acompañar al malo a andar, dijeren "sí" el sermón, "no" la plegaria y cortare el camino en dos la roca... Comenzare por monte la montaña, por remo el tallo, por timón el cedro y esperaren doscientos a sesenta y volviere la carne a sus tres títulos... Sobrare nieve en la noción del fuego, se acostare el cadáver a mirarnos, la centella a ser trueno corpulento y se arquearen los saurios a ser aves... Faltare excavación junto al estiércol, naufragio al río para resbalar, cárcel al hombre libre, para serlo, y una atmósfera al cielo, y hierro al oro... Mostraren disciplina, olor, las fieras, se pintare el enojo de soldado, me dolieren el junco que aprendí, la mentira que inféctame y socórreme... Sucediere ello así y así poniéndolo, ¿con qué mano despertar? ¿con qué pie morir? ¿con qué ser pobre? ¿con qué voz callar? ¿con cuánto comprender, y, luego, a quién? No olvidar ni recordar que por mucho cerrarla, robáronse la puerta, y de sufrir tan poco estoy muy resentido y de tanto pensar, no tengo boca.