Llevo colgados de mi corazón los ojos de una perra y, más abajo, una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años, algunos días, al anochecer, llevábamos al sótano a una perra sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego con las astillas y los hierros. (Era así. Era así. Ella gemía, se arrastraba pidiendo, se orinaba, y nosotros la colgábamos para pegar mejor).
Aquella perra iba con nosotros a las praderas y los cuestos. Era veloz y nos amaba.
Cuando yo tenía quince años, un día, no sé cómo, llegó a mí un sobre con la carta de un soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo: «¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla. No te puedo mandar ningún dinero…»
Y, en el sobre, doblados, cinco sellos y papel de fumar para su hijo. «Tu madre que te quiere.» No recuerdo el nombre de la madre del soldado.
Aquella carta no llegó a su destino: yo robé al soldado su papel de fumar y rompí las palabras que decían el nombre de su madre.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo, pero aunque tuviese el tamaño de la tierra no podría volver y despegar el cable de aquel vientre ni enviar la carta del soldado.
LA ACCIÓN transitividades I Hay tropas situadas en los lugares más inverosímiles con tanques camuflados como grandes piedras fecundadas Piensan en su ración de alegrías verosímiles pero suele ser un gen rápidamente mutante la alegría Están colocadas en atención al interés de lucro de enormes trusts Su despliegue es fructífero para la economía de los estados De antemano la bomba que tiran es un feto deforme De antemano la bomba es una imaginación estallada Su tiempo llegará como si hubiese llegado en sueños Como si su esperma fuera nitroglicerina supercalentada Como si sus pensamientos fuesen fuertes corrientes eléctricas Sus gritos una copia de los alaridos de las sirenas Sólo queda un reencuentro eternamente triste con algo que nunca fue otra cosa que asesinado Sólo quedan las estrictas consideraciones económicas que sólo los pocos que tienen el poder pueden esgrimir Inger Christensen (de "Det") Traducción: Francisco J. Uriz
Corta la vida o larga, todo lo que vivimos se reduce a un gris residuo en la memoria. De los antiguos viajes quedan las enigmáticas monedas que pretenden valores falsos. De la memoria sólo sube un vago polvo y un perfume. ¿Acaso sea la poesía?