
Nos encontraremos en un lugar en el que no hay oscuridad
George Orwell
He imaginado siempre el día de mi muerte.Incluso en la niñez, cuando no existe.Soñaba un fin heroico de planetas en línea.Cambiar por Rick mi puesto, quedarme en Casablancasumergirme en un lago junto a mi amante enfermocaer como miliciana en una guerracuyo idioma no hablo.Siempre quise una muerte a la altura de la vida.Dos mil cincuenta y nueve.Las flores nacen con la mitad de pétalosejércitos de zombis ocupan las aceras.Los viejos somos muchossomos tantosque nuestro peso arquea la palabra futuro.Cuentan que olemos mal, que somos egoístasque abrazamos con la presión exacta de un grillete.Estoy sola en el cuarto.Tengo ojos sepultados y movimientos lentoscomo una tarde fría de domingo.Dientes muy blancos adornan a estos hombres.No sonríen ni amenazan: son estatuas.Aprisionan mis húmeros quebradizos de anciana.No va a doler, tranquila.Igual que un animal acorraladomuerdo el aire, me opongo, forcejeo,grito mil veces el nombre de mi madre.Mi resistencia choca contra un silencio higiénico.Hay excesiva luz y una jeringa llena.Tenéis suerte, -mi extenuación aúlla-,si estuviera mi madrejamás permitiría que me hicierais esto.(De "Croniria")
En la fotografía: Josef Mengele, "El Ángel de la Muerte".