Tú me despiertas, abres mi boca con tus palabras: la sed. Y todo se borra excepto la distancia. Aúllo como al alba ese lebrel que intuye que el sol se yergue pero deja en la zanja a la luna amordazada.
Es fría la luz de la memoria lo apenas entrevisto brilla con insistencia gira buscando el casco de botella o el charco de lluvia
tras cualquier puerta que se abre está la luna tan grande y plana tan fuera de lugar como si de un cuadro se tratara óleo sobre papel endurecido por el tiempo
así cayeron en la mente formas y colores casualidades azar que anuda sombras vuelcos en la negra marmita donde a borbotones se cuecen gozo y espanto
crece el yeso de un cielo mil veces lastimado mil veces blanqueado se borra el mundo y se vuelve a escribir hasta el último aliento
sólo esto eternidad aparente mísera astilla de luz en la entraña del animal que apenas estuvo