En las actuales condiciones del mundo, la patria para los trabajadores sólo existe en aquellos países donde los trabajadores conquistaron el poder.
Los trabajadores soviéticos tienen patria, y los chinos, y los polacos, y los vietnamitas, y los cubanos.
En las sociedades divididas en clases (o sea en el llamado "mundo libre") en los países donde hay pobres y ricos (o sea en el llamado "occidente cristiano") la patria es para los explotadores el lugar donde ejercen principalmente su explotación (o sea donde tienen el "asiento principal de sus negocios") y para los explotados el lugar donde los explotan.
Esta situación tuvo desde, luego, una historia y en ella surgieron himnos y banderas y héroes y sentimientos: de todo ello se apropiaron los explotadores y construyeron una gran máscara para engañar a nuestros ojos y a nuestro corazón.
Los trabajadores, los pobres salvadoreños; los trabajadores, los pobres hondureños; los trabajadores, los pobres guatemaltecos; no tienen patria.
Aunque toda la riqueza nacional fue labrada con su sangre y el sudor de sus pueblos, de sus trabajadores, El Salvador, Honduras, Guatemala, son patria únicamente de los dueños de la patria, propiedad de los dueños de la sangre y el sudor de los pueblos.
Los explotadores son tan dueños de esas patrias que cuando su contradicciones se hacen críticas echan a pelear entre sí a sus respectivos pobres. Así defienden por la fuerza su interés y al mismo tiempo dividen a los pobres que cada día están más solos, cantando el himno nacional y agitando la bandera, en la fría noche de la patria ajena.
Los trabajadores y los pobres solo tienen un medio para tener patria: hacer la revolución.
Sentado junto a la ventana, A través de los cristales, empañados por la nieve, Veo su adorable imagen, la de ella, mientras Pasa... pasa... pasa de largo...
Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:- Una criatura menos en este mundo Y un ángel más en el cielo.
Sentado junto a la Ventana, A través de los cristales, empañados por la nieve, Pienso que Veo su imagen, la de ella, Que no pasa ahora... que no pasa de largo...
Las leyes con que juzgas, ¡oh Batino!, menos bien las estudias que las vendes; lo que te compran solamente entiendes; más que Jasón te agrada el Vellocino.
El humano derecho y el divino, cuando los interpretas, los ofendes, y al compás que la encoges o la extiendes, tu mano para el fallo se previno.
No sabes escuchar ruegos baratos, y sólo quien te da te quita dudas; no te gobiernan textos, sino tratos.
Pues que de intento y de interés no mudas, o lávate las manos con Pilatos, o, con la bolsa, ahórcate con Judas.
Nos encontraremos en un lugar en el que no hay oscuridad
George Orwell
He imaginado siempre el día de mi muerte. Incluso en la niñez, cuando no existe.
Soñaba un fin heroico de planetas en línea. Cambiar por Rick mi puesto, quedarme en Casablanca sumergirme en un lago junto a mi amante enfermo caer como miliciana en una guerra cuyo idioma no hablo. Siempre quise una muerte a la altura de la vida.
Dos mil cincuenta y nueve. Las flores nacen con la mitad de pétalos ejércitos de zombis ocupan las aceras. Los viejos somos muchos somos tantos que nuestro peso arquea la palabra futuro. Cuentan que olemos mal, que somos egoístas que abrazamos con la presión exacta de un grillete.
Estoy sola en el cuarto. Tengo ojos sepultados y movimientos lentos como una tarde fría de domingo. Dientes muy blancos adornan a estos hombres. No sonríen ni amenazan: son estatuas. Aprisionan mis húmeros quebradizos de anciana. No va a doler, tranquila. Igual que un animal acorralado muerdo el aire, me opongo, forcejeo, grito mil veces el nombre de mi madre. Mi resistencia choca contra un silencio higiénico. Hay excesiva luz y una jeringa llena.
Tenéis suerte, -mi extenuación aúlla-, si estuviera mi madre jamás permitiría que me hicierais esto.
(De "Croniria")
En la fotografía: Josef Mengele, "El Ángel de la Muerte".