duminică, 5 februarie 2012

El pez más viejo del río (Miguel Hernández)


El pez más viejo del río
de tanta sabiduría
como amontonó, vivía
brillantemente sombrío.
Y el agua le sonreía.

Tan sombrío llegó a estar
(nada el agua le divierte)
que después de meditar,
tomó el camino del mar,
es decir, el de la muerte.

Reíste tú junto al río,
niño solar. Y ese día
el pez más viejo del río
se quitó el aire sombrío.
Y el agua te sonreía.

joi, 26 ianuarie 2012

Yago Bazal se deja ver dos horas (Raquel Lanseros)


La luna nueva late dentro del corazón
de un hombre declarado clandestino.
Es una noche oscura como un crimen.
Yago Bazal avanza monte abajo
entre sombras azules que susurran su historia.

Porque los ideales se volvieron ceniza
hace tiempo que Yago no hace fuego.
Así,
va dejando jirones de sus mejores sueños
en las plateadas jaras
a su paso.
Lo recuerda muy bien.

Un búho reconoce el rostro tenso
a veces decidido a rebelarse
contra quienes lo excluyen de los seres humanos
aunque otras veces también muestra, de pronto,
el cansancio plomizo y demacrado
de una lucha sin plazo.

Hay pocos camaradas
y mucha escarcha rota.

No es la palabra frío la que agrieta la cara
ni amorata los dedos en las botas deshechas.
Es el frío de verdad.
Es el frío espeso
de esta primera Navidad después de la derrota
pegándosele al cuerpo igual que una serpiente.

En la guerra Yago había odiado las palabras.
Podía notar el pulso
tibio como la tierra
en las letras de sangre.
Sin embargo, ahora sabe
que no son las palabras quienes matan.
Cada letra es un pez en el océano,
un árbol florecido,
pero hay labios que usan las palabras
como se usa una ametralladora.

Entre la noche negra y el miedo
hay un silencio áspero.

A lo lejos dos lobos
aúllan su destino al cielo de diciembre.
Ahora más que nunca
Yago siente como una gran victoria
cada segundo que sigue respirando.

Fuera se han encendido
las farolas ausentes de la calle.
Mientras,
suspira muy despacio.
El frío le acompaña como entonces.
Si cierra bien los ojos fatigados
Yago se puede ver
trepando el muro de su propia huerta
acallando a sus perros
penetrando furtivo en su mísera casa
de trigo húmedo y ajo.
Aún puede oír el sollozo desvalido
de la mujer que ama
al verlo tan delgado y polvoriento.

Todas las noches Yago vuelve a huir monte arriba
con pocas provisiones y un beso triste quemándole los labios
con los ojos perdidos de los hombres
cuyo futuro ha sido demolido.

Todos nosotros somos ahora y para siempre
las pisadas de Yago contra la piedra helada,
yo soy el pan callado de aquella Nochebuena,
tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse.

Y hoy es mil novecientos treinta y nueve.

(De "Diario de un destello")

luni, 16 ianuarie 2012

La carta (Isabel Serrano Castro)


Tu silencio se me cae de las manos
¿no ves cómo brillan los restos?
no me castigues con él
no temas lo que ahora sabes
no dejes que me hunda
en la irrescatable soledad de lo perdido
somos el tiempo que nos queda
en este inventario de los días
no dejes que me pierda
en la insomne aventura
que el miedo provoca
miedo a encontrarte inesperadamente
a no verte nunca más.

(del texto inédito “Un viaje inesperado”)

luni, 9 ianuarie 2012

Oh tú, desfallecida (Rainer Maria Rilke)


OH tú, desfallecida, no conoces las torres.
Mas ahora vas a percibir la torre
con el maravilloso espacio que hay en ti.
Cierra tu rostro. Pues, sin darte cuenta,
la has hecho levantarse con miradas y gestos.
De pronto se endurece, en plenitud,
y yo, dichoso, puedo utilizarlo.
Qué apretado me siento ahí, por dentro.
Halágame; que llegue a aquella cúpula:
para lanzar a esas tus blandas noches,
con ímpetu de cohetes que deslumbran tu seno,
más sentimiento del que hay en mí.


Traducción de Federico Bermúdez-Cañete

miercuri, 28 decembrie 2011

LXXXIX (William Shakespeare)


Pongamos que no sé por qué defecto
me abandonas: yo ilustraré esa falta.
¿Que hablas de cojera? Seré cojo,
y no desmentiré tales razones.

Por más que tú acomodes los motivos,
no puedes, amor mío, rebajarme
como lo haría yo: si es lo que quieres,
seré un desconocido a quien no tratas,

huiré de tus paseos, y mi boca
no albergará tu dulce nombre amado,
no sea que, profano, lo deshonre
si hablo, en un desliz, de lo que fuimos.

Prometo estar del lado de tu causa,
pues no debo querer a quien detestas.

(William Shakespeare)

Traducción de Christian Law Palacín

duminică, 25 decembrie 2011

De todas las máquinas... (Antonio Machado)


De todas las máquinas que ha construido el hombre, la más interesante es, a mi juicio, el reloj, artefacto específicamente humano, que la mera animalidad no hubiera inventado nunca. El llamado homo faber no sería realmente homo, si no hubiera fabricado relojes. Y, en verdad, tampoco importa mucho que los fabrique; basta con que los use; menos todavía: basta con que los necesite. Porque el hombre es el animal que mide su tiempo.

* * *

Sí; el hombre es el animal que usa relojes. Mi maestro paró el suyo -uno de plata que llevaba siempre consigo-, poco antes de morir, convencido de que en la vida eterna a que aspiraba no había de servirle de mucho, y en la Nada, donde acaso iba a sumergirse, de mucho menos todavía. Convencido también -y esto era lo que más le entristecía- de que el hombre no hubiera inventado el reloj si no creyera en la muerte.

De "Juan de Mairena".