skip to main |
skip to sidebar
Anda saca tu pluma y tu papel
y ponte a la tarea de escribir
lo que te diga el cuerpo en un sentir
aquí y ahora con contacto fiel
Y haz un poema sin pensar en él
integra su existir en tu existir
y siendo mano que se deja ir
vete con ella lejos piel con piel
Y cuando estés de vuelta ya verás
tu mano quieta y quieto tu soneto
que se movieron en un mundo extraño
No hay palabras de menos ni de más
sino papel y pluma y esqueleto
Todo poema es fruto de este apaño
(Vienne-le-Château, Francia, 14 setiembre 1977)
Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto
patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.
Las imágenes
se amansan en el agua,
pero no descansa el agua,
sino que fluye sin fin,
portadora del enigma
de su constancia.
Cuando llega la hora,
es moneda en la boca
la quietud
que la negrura convoca
y es el óbolo que entrega
en las huidizas manos del río
que va a la nada.
Si el horizonte fuera una línea...,
pero es un cerco
que se desplaza.
1por qué no simplemente no esperara ser ocasión deun vertedero de palabras¿no es mejor abortar que ser estéril?después de tu partida las horas son tan tristessiempre empiezan a rastras demasiado prontolos garfios desgarrando con ceguedad el lecho de miseriarescatando los huesos los amores antiguoscuencas una vez llenas con ojos como tuyos¿es mejor siempre demasiado pronto que jamás?negra necesidad salpicando los rostrosdiciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve díasni nueve mesesni nueve vidas2diciendo una vez mássi no me enseñas tú no aprenderédiciendo una vez más existe un últimoatardecer de últimas vecesúltimas veces de mendigarúltimas veces de amarde saber no saber simularun último atardecer de últimas veces de decirsino me amas nunca seré amadosi no te amo ya no amaré nuncaun batir de palabras gastadas una vez más en el corazónamor amor amor golpe de un émbolo antiquísimomoliendo el suero inalterablede las palabrasuna vez más aterradode no amarde amar pero no a tide ser amado y no por tide saber no saber simularsimularyo y todos los otros que te amensi te aman3a menos que te amen
Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.
Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.
No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!
Mejor que se desgarre
cada fibra, que la ira fluya
desatada, la sangre empapando, vívida,
el sofá, la alfombra, el suelo,
mientras el calendario con forma de serpiente
me asegura que estás
a un millón de verdes condados de aquí;
mejor eso que quedarme aquí sentada, muda,
convulsionándome así bajo las espuelas de los astros,
con la mirada perdida, echando pestes,
maldiciendo todas y cada una de las veces
que nos despedimos, que los trenes partieron
arrancando a esta loca, estúpida magnánima
de su único reino.
(1956)